Selección de poemas

Ahorcado

Es fácil jugar al ahorcado con las palabras de uno mismo. Morir por nuestras palabras, darle vueltas a los verbos que no sabemos conjugar . . . . . es: (...) el inicio de una trágica historia (...) abrigar el cuerpo antes de sepultarlo (...) la decisión más importante (...) el silencio que ocupa el vacío (...) encontrar sentido a una acción sin sentido. No hay pistas. Ven y llena estas líneas _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ o quizá prefieras simplemente no hacerlo _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Cuando las sombras hacen ruido

Las sombras llegan y estiran los muebles en la casa. Trazan figuras en la pared. A veces tienen forma de ave atrapada en una mano. Párpado de flor que sangra. Son la coreografía que mi cuerpo danza.

No somos peces flotando en una pecera

No me di cuenta que había un doble. Un pez que no era sus escamas, un pez que nadaba igual, pero no. Mi pez se escondía en su roca después de comer; este pez no. Mi mamá quería borrar las muertes, pero siempre salían a la superficie, como un nombre que no puede ser reemplazado por las letras sinónimas de su apellido. Mamá lo reemplazó hasta que se cansó de reemplazar la muerte, reemplazar los reemplazos, matarlos. Cuántas veces alguien más alejará de mí la muerte, todo lo que puede ser, dejar de ser. En casa no se conocía la muerte de un pez. Mi madre escondía la muerte del pez, la casa, los ahorros, los sartenes. ¿Cuántas muertes más caben, madre?

Las Escondidas

En algún momento de la infancia mis amigos perdieron el juego. Un párpado que no abre, nombre que se dice en una oración recién salida del vaso que encierra el fuego. El verbo desaparecer se hospeda en mi garganta, como los nombres que no volví a ver nunca. Al final de este poema la llama sigue su danza.

H-rmiguer-

Hag- un h-y- en la tierra del tamañ- de mi índice. Un lenguaje ajen- se pega a mis ded-s. P-ng- el -íd- en la tierra c-m- en las profundidades l-s gusan-s al h-rmiguer- que ah-ra es tu b-ca. Escuch- una -raci-n sin términ- que guarda la tierra de tu semilla inm-vil. Tus man-s mudas que sin saber su muerte siguen apuntand- al n-rte. ¿Qué s-nid- hacen las h-rmigas en tu cuerp-? V-y a enterrar esta palabra p-rque tu n-mbre ya n- saldrá de mi b-ca. Regres- estas palabras a ti para que las -rugas muerdan sus vocales y desc-mp-ngan las sílabas. Para que un día s-l- la tierra c-n-zca la s-n-ridad de tu n-mbre.

Schrödinger

En ocasiones imagino que abrirás la puerta y te quejarás de las cosas simples. O escucho que no la abres, ni te sientas a la mesa y no te quejas de las cosas que sin ti están. Limpio la habitación llena de instantes que se pegan como pelo de gato a la ropa. Y lleno las esquinas de sombras que no me hablan de ti cuando las riego. A veces abro el clóset mientras tengo mis ojos cerrados. Quizá estés ahí si no los abro.

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